Cuando hacemos magia

Aunque no se pueda explicar, voy a contar un poco cómo es encontrar la magia.

Un pequeño grupo de cuatro personas.

El primero es energía. Ganas de vivir. No sabe lo que significa la autocompasión. Quizá le falta un poco de empatía, pero no importa mucho porque todos los sentimientos que él conoce son positivos, quizá si te ve llorar por una tontería no lo va a entender, pero te va a hacer sonreír.

El siguiente es bondad. Es el ejemplo perfecto de que a veces los palos esculpen obras de arte. Su vida es una injusticia, pero él es amor. Sabe más que nadie del sufrimiento y de lo mucho que hay más allá. Quiere, quiere mucho y se hace de querer.

El tercero es lucha. Lucha constante entre lo que es y lo que le gustaría ser. Siempre con ganas de automejorarse, de hacer de este sitio un lugar mejor y de hacer de su persona algo mejor. Es la mezcla entre la cabeza y el corazón, siempre en disputa, siempre llegando a acuerdos.

Y la última. La chica. Enemiga número uno de la rutina establecida. De un tiempo a esta parte sigue la regla de sólo hacer lo que el cuerpo pida. No entiende cosas cómo que hay que almorzar a las dos aunque no se tenga hambre o que la hora de acostarse son las doce aunque no se tenga sueño. A veces desayuna a las tres de la tarde. Es su pequeña revolución.

Estas cuatro personas, para las que quizá ni un libro bastaría, a veces se juntan.

Y algunas noches hacen pura magia.

Son el grupo del bar que realmente está disfrutando de la canción.

Son de esos que son jóvenes, y son conscientes.

Son de los que te ayudan a subir a la barra y te guardan abajo la cerveza.

De los que abrazan, besan y dicen que te quieren sin preocuparse, porque si se puede sentir se puede intentar expresar.

De los que saltan.

De los que gritan.

De los que aman la vida.

Tan conscientes de que el presente es fugaz que son tremendamente inconscientes.

De aquellos que de vuelta a casa recuerdan la noche y sonríen.

Porque de esas noches se escriben canciones y poemas. 

Porque la intensidad es el vivir. 

Porque su magia tiene muy pocos trucos. 

Porque el sentimiento más fuerte que la chica sentirá jamás será mirar desde lo alto de la barra las tres caras sonriendo y bailando, agacharse y fundirse en el más bonito de los abrazos.

Porque la magia son tus amigos. 

Los de verdad.

 

 

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2 comentarios en “Cuando hacemos magia

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