“Qué pasará por esa cabecita tuya…”

La primera vez que entré por tu puerta entré con el miedo de la mano.

Puse mucho esfuerzo en dejar las mariposas fuera de esta historia.

En cuatro meses no escuché ni una sola canción romántica que me hiciera pensar en ti.

Nunca gasté mi tiempo en inventar posibles futuros contigo, ni me interesé por tu pasado.

No quería pensar en ti para luego no tener esa costumbre cuando tocara echarte de menos.

Eso hice y no fue muy difícil.

Cuidé de mi primero, por primera vez en mucho tiempo.

Pero entonces, una mañana de lunes, después de tomar café en tu trabajo, me sorprendí sonriendo de vuelta a casa. 

Y entonces caí en la cuenta de que aunque yo no quisiera ser consciente del valor de los momentos que vivía contigo, estos lo tenían.

Entonces me vi, las primeras veces, temblando y riendo nerviosa en los silencios incómodos.

Me vi, ahora, viendo series en tu salón, tan pegados que parece que vamos a fundirnos.

Nos vi jugando a videojuegos de madrugada y gastándonos bromas de niños.

Borrachos devorándonos como si nadie más estuviese en ese bar, caminando de la mano hacia tu trabajo o cocinando croquetas vegetarianas.

Nos recordé peleando y haciendo las paces.

Haciéndonos daño y luego haciéndonos el amor.

Nos vi con el colchón en el suelo y tú, muy serio, diciéndome que podía dejar algunas cosas mías en tu casa. Yo llegué al día siguiente con una caja de doce latas de cerveza.

Recuerdo que te hizo tanta gracia o más de la que yo esperaba

Vi nuestros abrazos.

Esos que nos damos que parece que el mundo se para.

Y tú contándome tus tristezas con una sonrisa, y yo explicándote mi mundo interior o al menos intentándolo.

Vi nuestros besos de despedida.

Ese momento en el que se cuela el tiempo en la ecuación que somos tú y yo, que una vez por semana parece que el mundo, entonces, no es para tanto.

Que parece que hasta que tu mano no se une con la mía el mundo no termina de encajar del todo. 

Y el miedo sigue entrando conmigo por tu puerta, pero van creciendo unas mariposas que lo mismo, algún día, llegan a vencerle.

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